Durante años, conseguir agua fue una de las tareas más difíciles para las familias de Las Pilas, una comunidad ubicada en el occidente de Honduras. En este lugar, abrir un grifo dentro de casa era algo impensable. No existían tuberías ni acceso constante a agua segura, por lo que mujeres, niñas y niños debían caminar hasta 45 minutos por caminos empinados para llegar a una fuente natural o a las antiguas pilas comunitarias.
Cada día comenzaba con baldes, cántaros y largas caminatas.
“Habían ocasiones que iba dos veces al día: en la mañana y al mediodía, porque en la tarde daba miedo ir. Llevábamos los cántaros en la cabeza o al hombro y muchas veces regresábamos con la mitad porque se botaba en el camino”, recuerda Karla López, madre de Briana, una niña de 3 años.
El recorrido no solo era agotador, también peligroso. La carretera por donde transitaban los vehículos era la misma ruta que utilizaban madres y niños para buscar agua.
“Nunca dejábamos que los niños fueran solos, pero aun así había que ir, porque sin agua no se puede vivir”, comparte Mercy Lemus.

Vivir con agua, pero sin agua segura
En muchas viviendas, el agua de lluvia o la obtenida de pozos servía para cocinar, bañarse y lavar ropa. Sin embargo, no era apta para el consumo humano.
Las enfermedades gastrointestinales eran frecuentes entre los niños y niñas de la comunidad.
“Se enfermaban bastante, porque el agua que lograban conseguir no era saludable”, relata Yaudi Saavedra, gestora de desarrollo de World Vision Honduras.
La situación llegó a ser tan crítica que algunas familias tomaron la decisión de abandonar la comunidad.
“Hubo familias que vendieron sus tierras y se fueron porque no había agua. No se podía vivir así”, explica Rafael, miembro de la Junta de Agua de Las Pilas.
Un sueño compartido por toda la comunidad
El acceso al agua potable continúa siendo uno de los principales desafíos para miles de familias rurales en Honduras. Según datos de la ENDESA-MICS 2019, el 68% de las familias rurales no tiene acceso a agua segura.
Las Pilas era una de esas comunidades. Su antiguo acueducto había sido construido hace más de 25 años y ya no respondía a las necesidades de la población. El sistema estaba colapsado y solo algunas familias recibían agua de manera ocasional.
Hace cinco años, durante una jornada comunitaria junto a World Vision Honduras, los habitantes imaginaron cómo querían ver su comunidad en el futuro. Entre todas las necesidades, hubo una petición que se repitió una y otra vez:
“Queremos un proyecto de agua que abastezca a todos”.
Aunque parecía un sueño lejano, la comunidad decidió no rendirse. Durante años buscaron soluciones: exploraron nacimientos cercanos, intentaron abrir pozos y hasta compraron una fuente de agua, aunque finalmente no pudieron conservarla.
“Buscamos por un lado y por otro, pero aquí no hay nacientes grandes. Nos tocó insistir y tocar muchas puertas”, cuenta Karla.
Cuando la esperanza se convierte en acción
Impulsados por la fe y el deseo de transformar su comunidad, los habitantes de Las Pilas encontraron un aliado en World Vision Honduras, a través del proyecto WASH y fondos de Canada Gift Catalog, junto a la Alcaldía Municipal de Nueva Frontera y las Hermanas Franciscanas.
La comunidad participó activamente en cada etapa del proyecto: desde el diseño hasta la construcción, aportando mano de obra, materiales y compromiso.
“Fue un proceso largo, pero con la ayuda de Dios y de todas las personas que se unieron, logramos tener agua en nuestras casas”, expresa Karla.
El nuevo sistema fue diseñado para funcionar por gravedad, aprovechando la topografía de la zona. La fuente de agua, conocida como “Mal Paso”, se encuentra a más de cinco kilómetros de la comunidad.
Desde allí, el agua recorre una línea de conducción de 5,100 metros hasta un tanque de almacenamiento con capacidad de 5,000 galones. Posteriormente, se distribuye a través de una red de 1,910 metros que actualmente abastece a 42 viviendas, beneficiando a 210 personas y con capacidad de responder a la demanda futura durante los próximos 20 años.

“Ahora el agua vive con nosotros”
Hoy, la vida en Las Pilas es diferente.
El sonido del agua saliendo de los grifos se mezcla con las voces de los niños jugando cerca de sus hogares. Ya no es necesario caminar largas distancias ni cargar baldes bajo el sol o la lluvia. Las familias cuentan con agua limpia diariamente y las enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada han disminuido.
Karla lo vive todos los días junto a su hija:
“Antes gastábamos mucho en pañales y toallitas para nuestra hija porque no había agua para lavar. Ahora ya no, tenemos agua todos los días y eso cambia todo”.
Aunque la escuela de la comunidad aún enfrenta desafíos y necesita instalaciones adecuadas para que los niños puedan usar los baños de manera segura, el acceso al agua representa un nuevo comienzo.
Actualmente, la comunidad ya gestiona la construcción de baños nuevos, convencida de que el agua también abre puertas para una educación más saludable y digna.

Una comunidad que mira hacia el futuro
Más allá de llevar agua a los hogares, el proyecto fortaleció la unión comunitaria. Cada jornada de excavación, cada tubo instalado y cada esfuerzo compartido se convirtió en un símbolo de esperanza y trabajo en equipo.
Las Pilas pasó de ser una comunidad marcada por la escasez a una comunidad que hoy mira hacia el futuro con mayor dignidad, salud y oportunidades.
Porque para sus habitantes, el agua no solo transformó su rutina diaria. También transformó su esperanza.




